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22 de Noviembre - La quinta columna


Salmo 139:21-22

¿Acaso no aborrezco, Señor, a los que te odian, y abomino a los que te rechazan? El odio que les tengo es un odio implacable; ¡los cuento entre mis enemigos!
  
     ¿Le parece correcto que usted y yo usemos estas palabras hoy? Son palabras que pronunció David, pero quiero recordarle lo que él dijo a continuación, porque allí hay una gran lección espiritual.

     Él continúa diciendo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… ve si hay en mí camino de perversidad”. Como puede ver, los enemigos de Dios que nos causan mayor daño no son los que nos atacan desde afuera, sino los que están dentro.

     En 1936 hubo una guerra civil en España de la que surgió la expresión “la quinta columna”. Allí se originó. Un general español atacaba una ciudad y otro general le preguntó: “¿cuál es su plan para tomar la ciudad?”

     Él respondió: “Tengo cuatro columnas contra la ciudad, una al norte, una al sur, una al oriente y una al occidente”. Hizo una pausa y entonces añadió: “Pero es mi quinta columna lo que espero me lleve a tomar la ciudad”.

     Y esa es la única manera como los cristianos pueden ser vencidos. Nunca somos derrotados desde afuera, pero si hay una quinta columna de los enemigos de Dios en nuestro corazón, eso trae derrota.

     De modo que tenemos el derecho de hacer la misma declaración de David: que aborreceremos a los enemigos de Dios con un odio implacable. Sin embargo, los enemigos a los que más debemos odiar son aquellos que pueden estar dentro de nuestro propio corazón y en nuestra vida. Tenemos que exterminarlos cueste lo que cueste.