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25 de Marzo - Un frasco lleno de lágrimas

 

Salmo 56:8

Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?
   
      Este es el clamor de un alma desesperada, de alguien que sabe lo que es ser un exiliado, un desterrado, un fugitivo. Alguien que sabe lo que es derramar muchas, muchas lágrimas.

     Bueno, aun en medio de sus lágrimas y su exilio, este hombre encuentra consuelo. Él se da cuenta de que los ojos de Dios están sobre él, que Él toma nota de todo lo que ocurre, que en el libro de Dios se lleva un registro de todo lo que Él sufre por causa de la justicia.

     Aun él dice: “pon mis lágrimas en tu redoma”. ¿Por qué querría que Dios guardara sus lágrimas? Pues bien, un día esas lágrimas se verán de manera muy diferente a como las puede ver ahora. En este momento usted las ve como sufrimiento, como un motivo de inquietud, de lo que puede haber salido mal. Pero como sabrá, en esta vida sólo vemos el revés del tapiz. Vemos colores que no nos parecen apropiados y diseños que no tienen mucho sentido. Pero recuerde que en la eternidad veremos el tapiz al derecho, y las cosas que no tenían sentido y nos hacían dudar si Dios sabía en realidad lo que hacía, aparecerán como el diseño más hermoso que nos regocijará por toda la eternidad.

     Entonces recuerde: Si usted sufre por causa de la justicia y derrama lágrimas amargas, no se aleje de Dios, no renuncie a la esperanza. Tan sólo siga el ejemplo del salmista. Clame a Dios y diga “pon mis lágrimas en tu redoma”.