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19 de Agosto - Bendito perdón

 

Salmo 32:1–2

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.
   
     Esta es una bendición que está al alcance de todos nosotros. ¿Sabe por qué está disponible para cualquiera de nosotros? Porque ninguno de nosotros está libre de pecado. Y, en cierto sentido, el hecho de que somos pecadores nos permite recibir esta bendición, porque Dios está dispuesto a perdonar nuestros pecados. Él está dispuesto a cubrir y olvidar nuestros pecados si nos arrepentimos y nos volvemos a Él con fe.

     El salmista señala tres bendiciones que Dios dará:

          Perdonará nuestras transgresiones.

          Cubrirá nuestros pecados.

          No nos culpará de iniquidad.

     Pero hay una sola cosa que Dios pide de nosotros, y así se expresa: “en cuyo espíritu no hay engaño”. Lo que Dios sí exige de cada uno de nosotros es sinceridad y franqueza. No cumplimos con un rito religioso, no tratamos de ocultar los hechos, y no nos justificamos. Con humildad y sinceridad reconocemos que hemos pecado, que merecemos la ira y el juicio de Dios, y nos volvemos de nuestro pecado confesándolo y reconociéndolo. Y Dios perdona. Cultivemos el hábito de ser sinceros con Dios.