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28 de Mayo - Esperanza en el Señor


Salmo 130:1–2; 5–6

De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana.
  
     Hay una imagen de un hombre en un lugar sombrío. Está en las profundidades, y desde las profundidades, desde su agonía, y en desesperación, clama al Señor, eleva su voz al Señor. Su única esperanza de ahí en adelante es en el Señor.

     Puede ser que usted haya estado en ese lugar. Tal vez puede mirar en retrospectiva a una situación semejante. Recuerde que cuando usted clama en su agonía con un corazón sincero el Señor oye, pero algunas veces tiene que hacer lo mismo que el salmista: tiene que esperar al Señor. Él ha oído su clamor, y se dispone a ayudarlo. No se rinda, no renuncie a su fe.

     El salmista dijo: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado”. No renuncie a su esperanza. Su esperanza es muy preciosa, es indispensable. Existe un dicho: “Mientras haya vida hay esperanza”. Si abandona la esperanza entonces tal vez no vea lo que Dios está preparando para usted.

     Espere al Señor, sea pronto, diligente. Espérelo, como el salmista dice, “más que los centinelas a la mañana”. Pero no se dé por vencido, no deje de esperar. El Señor oirá su clamor y vendrá a ayudarlo. Resista un poco más y verá lo que Dios hará por usted.